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Arctic Monkeys y caramelos de chocolate azucarados

mayo 23, 2010

Disco: Whatever people say I am, that’s what I’m not (2006),Arctic Monkeys

Pocas veces se había visto un plebiscito tan grande a favor de una banda en la prensa inglesa. Un periódico los llamó “la banda más importante de nuestra generación” y colocó su primer disco “Whatever people say I am, that’s what I’m not” como el quinto mejor disco en la historia del rock británico –todo esto durante la primera semana que la producción salió al mercado…

El grupo británico de rock Arctic Monkeys, un fenómeno comercial de la generación multimedia y con un primer álbum que ha sobrepasado todas las cifras de ventas en una semana, es uno de los muchos ejemplos que demuestran que Internet no es el mal que está acabando con la industria del disco.

El álbum, titulado ‘Whatever people say I am, that’s what I’m not’, salió a la venta un 23 de enero de 2006 estableciendo récords de ventas, 363.735 copias vendidas en una sola semana.
Este grupo de Sheffield, capitaneado por Alex Turne, de 19 años, se labró una gran fama local en los clubes de la citada ciudad del norte de Inglaterra. Además, colgaban todos sus temas en la Red y los ofrecían gratis para su descarga, mientras que editaban sus propios CD que luego distribuían en sus conciertos.

El ‘boca-oreja’ y la Red amplificaron la fama de Arctic Monkeys y el sello Domino, descubridor de Franz Ferdinand, se fijó enseguida en estos jóvenes.

Este grupo, que concede entrevistas con cuentagotas y dosifica sus apariciones en televisión, se metieron en el bolsillo al público y a la prensa británica, que vieron en ellos un renacimiento del rock crítico e inteligente, tras los fenómenos de masas de corta duración surgidos de programas de ‘telerrealidad’.

Pocas bandas sin un disco en el mercado habían despertado un interés parecido en el Reino Unido en la última década. Es por eso por lo que su disco de debut fue todo un acontecimiento en las Islas. Sus ventas fueron más que notables y su ascensión meteórica levantó comparaciones con formaciones como Oasis.

¿Qué extraño embrujo los catapultó al éxito de forma tan fulgurante?, ¿qué teclas tocaron para caer en gracia a millones de personas?, ¿por qué ellos y no otras tantas formaciones? La respuesta hay que buscarla en la inmediatez de sus composiciones. Aquí no hay tiempo para muchos rodeos: las canciones son auténticos aguijones melódicos; primero nos arrancan los pies del suelo y más tarde se estrellan en nuestra cabeza.

Estamos ante un álbum despojado de ornamentaciones y sobreproducciones. “Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not” suena a puro directo. Como en las primeras tomas de contacto con los debuts de The Strokes o The Libertines, The Arctic Monkeys despiertan ese gusanillo de los discos que contienen canciones irrepetibles.

Resquicios de talento que uno no puede dejar de disfrutar a sabiendas que con cada escucha uno va apagando esa mecha bulliciosa de las primeras veces. Primero abrieron la puerta del éxito a portazos con su primer single ‘I Bet You Look Good On The Dancefloor’. Una melodía que es puro rock & roll. Inicio demoledor: batería a todo trapo con amagos de guitarras a punto de romper en estallidos. Continuación de manual: un riff chispeante y todos a balancear la cabeza. Segundos después, pura evasión: la voz desaliñada y rabiosa de Alex Turner se lo lleva todo por delante de la mano de guitarrazos acelerados y una batería en plena ebullición. Un tema que podría ser un arma de doble filo: sí, la canción lo tiene todo para ser un rompepistas, pero un grupo con un estilo tan definido podría sugerir una propuesta de lo más redundante.

Basta con escuchar ‘A Certain Romance’ para dar carpetazo a las dudas. No sólo saben hacer píldoras energéticas, también saben lidiar con el desencanto, sin perder un ápice de su fuerza. Estamos ante una canción que invita a escucharla una y otra vez, y que destila una frescura deliciosa. Pero no es la única: ‘When The Sun Goes Down’ es uno de esos milagros que no se suceden con frecuencia. De repente, de la nada, alguien compone algo maravilloso y lo regala al resto de los mortales. Sólo con las primeras notas de guitarra, uno sabe que esa canción sonará en su reproductor en los próximos meses.

La manera como este tema enzarza la furia con la melancolía es prodigiosa. Lo mejor, sin duda, los momentos casi silenciosos de Turner (que abren y sellan la canción), donde el rasgueo de la guitarra se funde con su voz en una huida romántica de lo más contagiosa.

La prensa británica se ha apresurado a colocar su debut discográfico a la altura de bandas como Oasis, The Smiths, The Libertines o The Strokes, algo que no debe tomarse al pie de la letra, teniendo en cuenta los precedentes y la maquinaria promocional que acompaña a este tipo de bandas.

De hecho, el debut de estos jóvenes de Sheffield, si bien contiene cuatro o cinco canciones que están a la altura de sus referencias, no llegan a sus cuotas de brillantez en la totalidad del disco.

CARAMELOS INGLESES: FUDGE

INGREDIENTES:

  • Leche 150 cc
  • Azúcar 225 gr
  • Cacao amargo 1 cucharada
  • Manteca 1 cucharada
  • Esencia de vainilla 1/2 cucharadita
  • Nueces picadas o pasas de uva sin semilla 60 gr

PREPARACIÓN:

Poner en una cacerola la leche con el azúcar, el cacao y la manteca.

Revolver continuamente con una cuchara de madera hasta que se vaya formando una crema suave, debe quedar sin grumos. La preparación debe quedar en el punto de “bolita blanda” (para probarlo debe retirar la cacerola del fuego a los 10 o 12 minutos de cocción y verter un poco de la preparación en una taza con agua fría: al enfriarse la preparación debe tomar la consistencia de una bolita blanda plausible de ser modelada con los dedos, como si fuera un chicle.).

Retirar la cacerola del fuego y con un batidor de alambre, agregar a la preparación las nueces o pasas y la esencia de vainilla. Hay que batir mucho hasta que, al ir enfriándose, la preparación se ponga brillante y espesa.

Inmediatamente vierta la preparación en una fuente rectangular de 12×18 cm. Alisar bien y dejar enfriar del todo.

Dividir en cuadraditos de 3×3 cm. Se pueden envolver en papel transparente para que se conserven o se pueden presentar en una bandeja. ¡A disfrutar!

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